viernes, 29 de mayo de 2009

Fréderic Chopin - El maestro de música

El música maestro de hoy está dedicado a un compositor que a mi me gusta mucho y por el cual empecé mis clases de piano en la década pasada, Fréderic Chopin.

No estoy seguro que este post pueda atraer a mucha gente (sobre todo por la extencion) pero no puedo aguantar las ganas de hacerlo porque la música clásica (en este caso romántica) es parte de "mi galaxia" así que quienes quieran conocer a este increíble compositor pueden entrar... y escuchar.

También quiero que sepan, quienes encuentren el gusto a este post, que será el primero de los “Música maestro” que voy a dedicar a algún compositor de otros tiempos como Beethoven, Mozart, Liszt, etc.

Fréderic Chopin nació en una aldea de Mazovia, a 60 kilómetros de Varsovia en el centro de Polonia. La fecha de su nacimiento es incierta: el compositor mismo (y su familia) declaraba haber venido al mundo en 1810, el 1º de marzo y siempre celebró su cumpleaños en aquella fecha, pero en su partida bautismal figura como nacido el 22 de febrero. Si bien lo más probable es que esto último fuese un error por parte del sacerdote.

Fréderic y sus hermanas crecieron en un entorno en el que el gusto por la cultura en general, y la música en particular, era considerable. Su primera maestra de piano fue su hermana Ludwika, con quien luego tocaba duetos para piano a cuatro manos. Al destacar pronto sus excepcionales cualidades, a los seis años sus padres lo pusieron en manos del maestro Wojciech Żywny, violinista amante de la música de Bach (hecho entonces poco común) y de Mozart, y que basaba sus enseñanzas principalmente en ellos.

Żywny reconoció inmediatamente que estaba en presencia de un genio y no intentó reeducarlo, y ni siquiera intentó corregir su particular digitación. Además, le inculcó el amor hacia J. S. Bach.

Un año más tarde compuso su primera obra y como el niño no sabía escribir muy bien, la pieza fue anotada por su padre. Se trataba de la Polonesa en sol menor para piano, publicada en noviembre de 1817 en el taller de grabado del padre J. J. Cybulski, director de la Escuela de Organistas y uno de los pocos editores de música polacos de su tiempo; ese mismo año compuso otra Polonesa en si bemol mayor (recuérdese que tenía solo siete años de edad). A éstas siguieron otras polonesas, además de marchas y variaciones. Algunas de estas composiciones se encuentran hoy perdidas.

A los ocho años tocaba el piano con maestría, improvisaba y componía con soltura: dio su primer concierto público el 24 de febrero de 1818 en el palacio de la familia Radziwill de Varsovia, donde tocó el Concierto en mi menor de Vojtech Jirovec. Pronto se hizo conocido en el ambiente local de la ciudad, considerado por todos como un «niño prodigio» y llamado el «pequeño Chopin».

También desde su niñez se manifestó ya un hecho que marcó poderosamente su vida: su quebradiza salud. Desde niño había sufrido inflamaciones de los ganglios del cuello y había tenido que soportar frecuentes sangrías.

La salud de Fryderyk, junto con la de su hermana Emile empezaba a ser preocupante, ambos fueron en el verano de 1826 a unas curas en los balnearios de Dusznik Zdroj. Mientras que Fryderyk sí pudo recuperarse, Emile sucumbió a de tuberculosis el 10 de abril de 1827 a la edad de 14 años.
En mayo de 1829, el célebre violinista italiano Niccolò Paganini llegó a Varsovia a dar conciertos. Chopin acudió a verlo y quedó profundamente deslumbrado por su virtuosismo.
Pero Chopin era un joven tímido y conflictivo y esto puede verse claramente en la carta que le escribe a su amigo Tytus:

“Para mi desgracia, ya tengo mi ideal, a quien le he servido fielmente, aunque en silencio, durante medio año. Sueño con ella, los pensamientos que me inspira están en el adagio de mi concierto, y esta mañana me inspiró el pequeño vals que te envío... No te imaginas lo deprimente que encuentro ahora Varsovia. Si no fuera porque mi familia alegra un poco este lugar, no me quedaría. Pero es muy triste no tener a nadie a quien acudir por las mañanas para compartir las penas y las alegrías; es odioso cuando llevas una carga en el alma y no puedes descargarla. Ya sabes a qué me refiero. A menudo le cuento a mi pianoforte lo que quiero contarte a ti”.

La muchacha a la que se refiere era Konstancja Gładkowska. Sin embargo, no hizo ningún esfuerzo en conocerla mejor ni cortejarla. ¿Timidez? ¿Inseguridad? No era un amor real, sino platónico. Es muy probable que Konstancja no supiera ni siquiera que Fryderyk estuviera enamorado de ella. Tras la muerte de Chopin lo que pudo decir de él fue que “era caprichoso, lleno de fantasías y variable”.

Ballade Nº 3



Aquel romance fue un ardiente sentimiento, mas no decisivo, pues ya estaba completamente decidido a ser un compositor y pronto decidió emprender un «viaje de estudios» por Europa. Originalmente pensó en viajar a Berlín, pero sin embargo, finalmente se decidió por Viena, para consolidar los éxitos de su primera gira. Aunque su correspondencia de este tiempo en Polonia tiene un tono de cierta melancolía, fueron tiempos felices para él, celebrado por los jóvenes poetas e intelectuales de su patria. Konstancja se casaría con otro hombre en 1830.

Después de tocar varias veces su Concierto en fa menor en veladas íntimas, su fama era ya tan amplia que se le organizó un gran recital en el Teatro Nacional de Varsovia el 17 de marzo de 1830, el primero como solista en ese auditorio, que nuevamente causó sensación.

Paralelamente, se producían entonces en Varsovia unos levantamientos y asonadas que fueron severamente reprimidos y causaron muchas muertes. Estas visiones impresionaron profundamente al artista, que años después compondría en homenaje a esos manifestantes su célebre Marcha Fúnebre (incluida después en la Sonata para piano n.º 2 en si bemol menor Op. 35).

Poco antes de su partida, se le organizó un concierto de despedida el 11 de octubre en el mismo gran teatro, donde, ante una gran audiencia, su amada Konstancja —«vestida toda de blanco, con una corona de rosas que le iba admirablemente», diría Chopin.

Cantó arias de la ópera La donna del lago de Rossini. Luego él interpretó su Concierto en mi menor y su Gran Fantasía sobre Aires Polacos. En la mazurca final, el público lo ovacionó largo rato de pie. Días después, en una taberna de Wola, sus amigos le regalaron una copa de plata con un puñado de tierra polaca en ella.

El 2 de noviembre, se marchó para perfeccionar su arte, confiando en volver pronto a su patria, pero no volvería jamás: “Tengo la impresión de que me voy para no volver nunca. ¡Qué triste debe de ser morir lejos de los nuestros!” Su profecía se cumplió.

Su segunda estancia en la capital del Imperio Austríaco no fue ni mucho menos tan feliz. Ya no llegaba como una joven sensación del extranjero, sino como alguien que deseaba incorporarse permanentemente al ambiente musical vienés, y los artistas y empresarios le mostraron indiferencia y hasta hostilidad.

Además, no era nada fácil conquistar el gusto del bullicioso público vienés: “El público sólo quiere oír los valses de Lanner y Strauss” escribía en una carta. Por otro lado, la insurrección polaca no era bien vista en el Imperio Austríaco. Por todas estas razones sólo dio dos recitales en Viena durante esos ochos meses, con modesto éxito.

Debido a ello, su estado de ánimo decayó, además emocionalmente se llenó de ansiedad por la situación de su país y de su familia. Sus sentimientos nos son conocidos por sus cartas y sus diarios.
Sin embargo, no puede decirse que todo este tiempo quedó desperdiciado para Chopin. Además de conocer a músicos como Anton Diabelli, Vaclav Jirovec, Joseph Merk y Josef Slavik, y de asistir a varios eventos musicales y óperas, las fuertes y dramáticas experiencias y emociones inspiraron la imaginación del compositor, y probablemente aceleraron el nacimiento de un estilo nuevo e individual, diferente al brillante estilo anterior.

En los «diarios de Stuttgart» escribió después: "!Y yo aquí, condenado a la inacción! Me sucede a veces que no puedo por menos de suspirar y, penetrado de dolor, vierto en el piano mi desesperación!". Compuso el Nocturno n.º 20 en do sostenido menor.


Viéndose forzado a renunciar a su primera intención de viajar a Italia debido a la situación política, decidió dirigirse a Londres vía París.
A inicios de setiembre llegó a Stuttgart, donde se enteró de la caída de Varsovia ante las tropas rusas y del fin del Levantamiento de Noviembre; la noticia le impactó tan hondamente, que le causó una fiebre y una crisis nerviosa. Los llamados «diarios de Stuttgart» revelan su desesperación, rayando a veces en la blasfemia: "El enemigo ha entrado en casa (...) Oh, Dios, ¿existes? Haces y aún no cobras venganza. ¿Acaso no tuviste suficiente con los crímenes de Moscú? O... ¡O quizás Tú seas moscovita!"

La tradición considera que fruto de estas noticias y estos sentimientos nacieron el Estudio «Revolucionario» y el Preludio en re menor Op, 28 n.º 24

Llegó a París en el otoño de 1831; inicialmente se alojó en un bonito apartamento en el quinto piso del Boulevard Poissonière 27. La ciudad - capital de la Monarquía de Julio de Luis Felipe I - era el centro mundial de la cultura, y muchos de los mayores artistas del mundo vivían allí: Victor Hugo, Honoré de Balzac y Heinrich Heine entre los escritores. Pronto el joven polaco conocería a varias de estas luminarias, y llegaría a formar una parte importante de esa intensa actividad cultural.

Por esta época su personalidad era enormemente encantadora, su apariencia impecable, de exquisitas maneras, muy seguro de sí mismo profesional y musicalmente. Con voluntad de hierro, gran trabajador, disciplina y un gran talento como hombre de negocios. Adorado por todas las mujeres de todas las edades y apreciado y respetado por hombres.

Al mismo tiempo, era un hombre misterioso, reservado. Erigía murallas sobre su persona para proteger su siempre deteriorada salud física, y corazón y alma torturada que nunca desnudaba a casi nadie. De personalidad compleja, anhelaba compañía, pero se confiaba a muy pocos, y buscaba aislamiento. En una carta a Tytus se quejaba:

“No creerías cuán triste me siento de no tener a nadie a quien llorar. Tú sabes con qué facilidad consigo relaciones, sabes cómo me gusta la compañía humana...pero luego estoy hasta el gorro de tales conocidos...no hay nadie, nadie a quien le pueda suspirar. Por eso sufro...incluso mientras te escribo no soporto el toque del timbre de la puerta.”

De hecho, Chopin tenía dos personalidades muy distintas: una personalidad polaca privada, cálida y encantadora, exclusiva para aquellos con quienes él se sentía más cercano (la mayoría, pero no todos, otros polacos), y una pública, impecablemente educado, pero frío y distante.

Sufría de típicos cambios bruscos de humor maniaco-depresivos que a veces eran violentos. Cuando estaba profundamente deprimido se encerraba con llave en su habitación durante días, sollozando suavemente.

Piano Concerto Chopin No. 1



En su día a día, Chopin podía ser alternativamente egoísta e inmensamente generoso, extremadamente considerado y extremadamente desconsiderado con la gente, arrogante y humilde, profundamente suspicaz y confiado, y explosivamente irritable. Era un perfeccionista, incluso pedante a veces. Retocaba las obras incluso en el mismo momento de entregarlas para editarlas.

Era tan perfeccionista y maniático que daba estrictas normas a su amigo Fontana de cómo tenía que ordenarse el apartamento que había alquilado, incluso dibujando croquis. En una ocasión escribía a Fontana: “Ten cuidado con mis manuscritos, no los arrugues, no los ensucies, no los rompas...tiemblo por mis papeles.”


Era un hombre de supremo buen gusto, extremadamente elegante, y obsesionado siempre con ir a la moda, con sus inmaculados e impecables guantes blancos. Hacía girar la vista de las francesas hacia él, haciendo que los hombres se pusieran celosos de él. Liszt escribió: “Había tanta distinción en su postura y sus gestos tenían la marca de una buena crianza tal que era tratado como un príncipe”.

Era eminentemente práctico, sobretodo con el dinero, necesario para pagar su altísimo estilo de vida, incluyendo, no mucho después de su llegada a París, un caballo alquilado, carruaje, cochero, y un mayordomo las veinticuatro horas del día. Para hacerse una idea, cobraba 20 francos la hora de piano, daba unas cinco horas diarias, así que ganaba unos quinientos francos a la semana. Esto sin contar ingresos por conciertos o ediciones musicales. Un doctor cobraba unos diez francos por una asistencia, y un trabajador medio entre diez y quince francos a la semana.

Admiraba a muy pocos compositores coetáneos. Un ejemplo de ello lo tenemos cuando Robert Schumann tras leer las “Variaciones sobre Là ci darem la mano” de Chopin exclamó en la ‘Allgemeine Musikalische Zeitung’: “¡Señores, quítense el sombrero, un genio!”, pero Chopin, mostrando la descortesía con la que a menudo trataba a otros compositores, no hizo ningún esfuerzo para agradecérselo a Schumann. Nunca tuvo palabras de elogio hacia el músico alemán, aunque había cordialidad entre ellos, y le dedicó su Balada nº 2, pero a veces lo ridiculizaba:

“Figúrate [decía a Tytus] que en el quinto compás del adagio cuenta cómo Don Juan besa a Zerlina en el Re bemol mayor! ¡La imaginación de este alemán es para morirse!”. Es posible que sintiera competencia de rivalidad, al ser publicada por aquel entonces la gran obra ‘Papillons’, de Robert Schumann.

En otra ocasión, Wilhelm von Lenz, un distinguido pianista alumno de Chopin recuerda una escena cuando Meyerbeer llegó sin anunciarse mientras tocaba una mazurca:

“'Eso está en 2/4' dijo Mayerbeer. Lo volvió a repetir mientras Chopin, lápiz en mano batía el tiempo sobre el piano. ‘2/4’ una vez más repitió calmadamente. Sólo he visto una vez a Chopin perder los nervios. Sus pálidas mejillas se pusieron rojas. ‘Está en 3/4’ dijo en voz grave. ‘Te lo demostraré’ replicaba Meyerbeer. Chopin casi vociferaba ‘¡Está en 3/4!’ cuando normalmente no elevaba su voz más allá de un murmullo. Me apartó y se sentó al piano. Tres veces tocó la mazurca contando en voz alta y marcando el ritmo con los pies. Meyerbeer no se convenció y salieron enfadados.

Estaba claramente en 3/4”.

Ryzsard Przyblzski, un historiador de música polaco comenta que Beethoven seguramente lo hubiera arrojado por la puerta. Había definitivamente un toque de hipocresía en Chopin. En menos de un mes después de escribir una feroz carta contra el compositor Sowiński lo invitó luego a un concierto en grupo.

Fryderyk usaba comúnmente la expresión “componer a la Sowiński”.

Los franceses como pueblo también fueron blanco de su desdén privado. En Stuttgart cuando supo de la caída de Varsovia deseaba “que caiga el peor castigo sobre Francia“, comprensible por el inestable estado emocional del momento, pero menos comprensible en otra ocasión sus palabras: “Tengo testigos quienes se maravillan, junto conmigo, que los franceses son estúpidos”.

Sin embargo, a pesar de ser un crítico feroz, aborrecía las críticas hacia su música o sus interpretaciones pianísticas. Según Frederick Niecks ésta era una gran tragedia para Chopin: “Había muchos hombres de menos valía que ganaban laureles mientras que él fracasaba para obtener una aclamación popular justa. Esto para él era una desilusión, la cual, como un cáncer maligno, le torturaba cruelmente y lentamente le consumía”. “La oposición e indiferencia, que estimula a las más vigorosas naturalezas, afectaban a Chopin tanto que le hacían marchitar”.


El ídolo de Fryderyk fue el pianista Kalkbrenner, a quien Liszt le consideraba pianista de segunda fila. Lleno de una vanidad sin límites, Kalkbrenner le dijo que si quería perfeccionarse tenía que trabajar tres años bajo su dirección. Chopin, desconcertado, aceptó que le diese algunas lecciones. Muchos pusieron el grito en el cielo. Liszt le aconsejó no seguirlas, al igual que Mendelssohn que llego a decirle: «No aprenderá nada, además toca usted mejor que él».

Yundi Li - Chopin "Fantasie" Impromptu, Op. 66 (esta es una de esas piezas que desbordan belleza por donde se las oiga).



Desde mayo de 1832 comienza a ganarse la vida dando clases de piano y pronto llegaría a convertirse en un pedagogo muy requerido y bien pagado hasta el fin de su vida. Prefirió presentarse en las veladas o soirées que se ofrecían en los salones de la sociedad aristócrata, en una atmósfera intimista con una pequeña y singular audiencia, no ávida de virtuosismo, sino especialmente culta y sensible y afín al músico. Este público estaba compuesto en buena parte por artistas, entre ellos Eugène Delacroix, la familia Rothschild, Adam Mickiewicz, Heinrich Heine, la condesa Marie d'Agoult y Franz Liszt.


En junio de 1832 se mudó a rue Cité Bergere 4. Su prestigio comenzaba a extenderse no sólo en París sino en toda Europa. Firmó un contrato para la publicación de su música con Schlesinger, la casa editora más importante de Francia.

Además de las clases cotidianas y los recitales nocturnos, se abocó a componer febrilmente, acicateado por los editores que le adelantaban dinero para publicar sus piezas.


Chopin eligió el oficio de pedagogo como medio de vida por razones de necesidad: sus composiciones le significan sumas ínfimas y ofrece muy pocos conciertos – y a menudo en beneficio de alguna obra de caridad.

Aun cuando gran cantidad de alumnos pertenecen a la aristocracia parisina (George Sand se referirá irónicamente – casi todas estas aficionadas son mujeres – a las “magníficas condesas”, las “deliciosas marquesas”, las “alumnas idólatras”); también tendrá – para su alegría – una quincena de alumnos de valía que no pertenecen a la aristocracia.

No lo ciegan los oropeles del gran mundo; esto se vé con transparencia en el siguiente fragmento de una carta que escribe a un amigo de la infancia, en enero de 1833, que lo muestra como un lúcido observador del medio en el cual se mueve:

«...me veo introducido en el gran mundo, en medio de embajadores, príncipes, ministros, y no sé porqué milagro pues no he hecho nada para penetrar en él. Pero se dice que para mí es algo indispensable aparecer allí, porque de ahí se afirma, viene el buen gusto. En el acto eres dueño de un gran talento, si has sido escuchado en la embajada de Inglaterra o en la de Austria. Tocas mejor si la princesa de Vaudemont, la última de los Montmorency, te ha protegido. En verdad no puedo decir “te protege” pues esta anciana dama ha muerto hace ocho días...»

En cuanto al método de enseñanza, Chopin no es un pedagogo formado sino un creador de música, se entregará a la enseñanza “sin la menor idea preconcebida” y no seguirá ningún sistema preestablecido; adaptará su enseñanza a las aptitudes del alumno y cuando el alumno lo merece las clases, establecidas en tres cuartos de hora de duración, las prolongará hasta dos y tres horas.

Este oficio de pedagogo al cual lo empuja la necesidad más que la vocación (que es la de compositor) lo ejercerá con plena conciencia y gran cortesía (solo desmentida por frecuentes accesos de cólera cuando el alumno se extravía).

En el invierno de 1835 se sintió tan mal, que creyó que se moría; de hecho, en ese momento, escribió el primer borrador de su testamento, estaba tan afligido, que incluso llegó a pensar en suicidarse.

En la primavera de 1836, su enfermedad volvió a manifestarse con énfasis, aunque sus malestares no le impidieron solicitar —y obtener— la mano de Maria Wodzińska, una adolescente de 17 años de la que se había enamorado. El compromiso fue mantenido en secreto. Posteriormente, y al conocer la enfermedad que padecía el músico, la familia Wodzińska declinó el compromiso.

El famoso valz del minuto (se dide que esta inspirado en un perrito que se perseguía la cola bajo el piano de Chopin en una de esas felices tardes de Nohant)



A finales de octubre de 1836, Frédéric es invitado por Franz (Liszt) y Marie (la condesa d'Agoult, amante de Liszt) a una reunión de amigos en el Hôtel de France, Sand llega acompañada por sus hijos y Mme Marliani. Chopin llega acompañado por Ferdinand Hiller. Liszt le presenta a una mujer famosa: George Sand (la escritora francesa Aurore Dudevant). El joven polaco tenía entonces 26 años, y la dama 32 y hasta entonces, él se había comportado discretamente, como una especie de refinado dandi que llevaba una activa vida social en su ámbito.

George Sand

Al ser presentados, Sand murmura al oído de Mme Marliani. «Ese señor Chopin, ¿es una niña?»

Mientras Chopin le comenta a Hiller «¡Que antipática es esa Sand! ¿Es una mujer? Estoy por dudarlo»

Chopin tocaba en turno junto con Liszt y Hiller mientras George escuchaba pensativamente fumando un puro. Vestía un atuendo masculino. Según Niecks fue George Sand quien tenía interés en conocerle después de haber escuchado alabanzas sobre su música, y pidió a su amigo Liszt concertara ese encuentro.

Pero esa primera negativa impresión duró muy poco. El 5 noviembre la invitó a una cena privada junto con Liszt y Marie d’Agoult. Y el 13 de diciembre George fue la invitada de honor en una fiesta privada de un grupo selecto: Liszt, Marie, el marqués de Custine, Adolphe Nourrit y cinco amigos polacos de Fryderyk. George Sand vestía un traje blanco con fajín rojo (los colores de la bandera polaca). Chopin estaba entusiasmado.

En su diario que mantenía irregularmente escribía: “La he visto tres veces. Me mira profundamente a mis ojos mientras toco. Mi corazón bailaba con ella...y sus ojos sobre mis ojos, ojos sombríos, singulares, ¿qué es lo que estarán diciendo? Se inclinaba sobre el piano y su mirada efusiva me inundaba... ¡Mi corazón fue capturado!... Aurora, ¡qué encantador nombre!”. Curiosamente no la llamaba nunca ni Aurore ni George, sino Aurora. Parecía enamorado, sin embargo el ‘affair’ Maria aún no había acabado.


Sand queda prendada de Chopin y le toca el papel masculino del cortejo, tendrá que insistir; pues a Chopin la idea de esta pareja le choca en su sentido de la estética y de las convenciones (que en él son dominantes).

Franz Liszt

La relación con Franz Liszt, sin embargo, fue siempre compleja, fluctuante y conflictiva. Chopin se uniría a él en grandes conciertos, y le confesaba su admiración por la maestría al piano, pero también era capaz de decir horrores a sus espaldas. En una carta a un amigo: “...uno de estos días será un miembro del Parlamento o quizás incluso el Rey de Abisinia o el Congo”.

En una carta a Hiller: “Escribo sin saber qué está garabateando mi pluma porque en este mismo instante Liszt está tocando mis estudios, y me transporta más allá de los límites del pensamiento racional...me gustaría robarle su forma de interpretar mis propias creaciones.”

Sobre 1842 las relaciones con Liszt se enfrían muchísimo; además, su amante, la celosa y posesiva Marie d’Agoult se convirtió en enemiga feroz de George Sand, intercambiando con ella sucias cartas, pues creía que Sand tenía un asunto amoroso con Liszt.

En realidad, fue Chopin quien eligió distanciarse de Liszt, que posiblemente envidiara su talento al piano, mientras que el húngaro, a pesar de ocasionales comentarios punzantes sobre Fryderyk, permaneció siempre como su admirador fiel. En la etapa más fría, Liszt escribe: “Quiero tener esta oportunidad para repetir una vez más, incluso si me consideras aburrido, que mi amistad y admiración por ti siempre permanecerá sin cambios, y que puedes disponer de mí como amigo bajo cualquier circunstancia”.

Se desconoce si Chopin respondió, ni cómo.


Cuando Mallefille, el último amante de George se dio cuenta que había sido reemplazado por Chopin juró venganza. Un día cuando ella salió del apartamento de Chaussée d’Antin le amenazó con una daga y desafió a Chopin a duelo. ¿Fryderyk, que nunca había usado un arma en su vida, batiéndose con el poderoso Mallefille? era absurdo. Grzymała intercedió y Mallefille abandonó la idea.

No se sabe ciertamente quién tomó la iniciativa ni por qué de pasar el invierno en Mallorca. Quizás el asunto de Mallefille, también para seguir ocultando su relación, y otra cuestión era el reumatismo del hijo de Sand, Maurice, que necesitaba un clima cálido. Por otra parte, Chopin se comprometió a componer una serie de preludios y lejos de París sin las clases y compromisos sociales sería una buena oportunidad. Su primera idea fue ir al sur de Italia. Pero sus amigos españoles, Marliani y Mendizábal le aconsejaron la isla de Mallorca.

Pronto se mudaron a una casa de tipo mediterráneo. Para Chopin, los primeros días de Mallorca fueron de gran felicidad.
“Estoy en Palma, junto a palmeras, cedros, cactus, olivos, naranjos, limoneros, áloes, higueras, granados, etc. El cielo es como turquesa, el mar como lapislázuli, las montañas como esmeraldas, el aire es un paraíso...en una palabra, es una vida maravillosa”.

El tiempo fue perfecto y maravilloso durante las tres primeras semanas. Pero el piano Pleyel no llegaba, irritando a Chopin. Sand consiguió alquilar un piano mallorquín de pésima calidad, de sonido tan feo que lo frustraba aún más. Chopin escribe a Pleyel: “Sueño con la música, pero no puedo tocarla”. Chopin fue capaz de componer en ese abominable piano la mazurca Op. 41 nº 2 llamada Palmejski.

Y las lluvias llegaron el 6 de diciembre, en palabras de Sand “fue el diluvio... en realidad no hacía tanto frío, pero para nosotros acostumbrados a calentarnos en invierno, esta casa sin chimenea era como un manto de hielo sobre nuestras espaldas”. Pronto se resintió la salud de Chopin. A partir de aquí todo empeoró hasta convertirse en lugar infernal.

Allí pasaron el invierno, y allí compuso la mayor parte de sus 24 Preludios op. 28. En la hermosa isla, se confirmó el diagnóstico de su enfermedad: el joven músico había contraído tuberculosis. Dicha enfermedad, catalogada como altamente contagiosa no afectó en absoluto a la escritora y sus hijos, dato este que ha hecho replantearse a algunos expertos el diagnóstico. La posibilidad de que Chopin padeciese entonces algún otro tipo de afección degenerativa de las vias respiratorias no catalogada hasta entonces cobra desde hace unas décadas más fuerza.

Polonaise in A flat major op. 53 (escuchen con cuidado y podrán ver esa caballeria avanzando con heroica gallardía bajo los rayos del sol)



Para colmo, se corrió la voz entre los habitantes de la isla que Chopin era tísico. El dueño de So’n vent, el Sr. Gómez les expulsó de su villa y demandó fuertes cantidades de dinero con el pretexto de tener que “desinfectar” la casa. El mobiliario fue quemado. El cónsul francés, Pierre Fleury, les acogió momentáneamente hasta que las celdas del monasterio de La Cartuja quedasen libres el 15 de diciembre.

En la isla ya no eran bien recibidos, tratándoles como parias. El pueblo estaba escandalizado por la conducta de aquellos franceses que nunca iban a misa. Las lluvias no cesaban, la salud de Chopin se derrumbaba y Sand se obstinaba en permanecer en Mallorca todo el invierno. Las celdas del monasterio eran húmedas y frías.


Al fin el piano llegó pero fue retenido en Aduanas y tuvieron que pagar una fuerte cantidad por él. Chopin escribe a Fontana el 28 de diciembre “Aquí la gente son unos ladrones porque nunca ven forasteros y no saben qué pedir por las cosas. Las naranjas son gratis, pero un botón de mis pantalones cuestan una fortuna”.

El piano Pleyel llegó al monasterio en los primeros días de 1839 siendo capaz de completar los veinticuatro preludios, dos polonesas, una balada y un scherzo. Un tiempo record para él. En febrero la situación fue insostenible. Sans escribe, “mientras el invierno avanza, la tristeza paraliza más y más mis esfuerzos para alegrar...el estado de nuestro inválido crece siempre a peor...nos sentimos prisioneros, lejos de toda ayuda y de toda simpatía...la muerte parece suspendida sobre nuestras cabezas para agarrar a alguno de nosotros”.

Sand resumió la expedición de Mallorca como “un castigo para él y un tormento para mí”. Sand tuvo que renunciar a ver la primavera de Mallorca. El 11 de febrero abandonaron la isla. Y para añadir insulto a la injuria navegaron rodeados de una piara de cerdos en un sucio compartimento, prohibiéndoles salir por temor a extender la enfermedad de la tisis. Chopin llegó a Barcelona escupiendo tazones de sangre y arrastrándose como un fantasma, estando al borde la muerte.


Desde que puso pie en Barcelona mejoró milagrosamente.
Vinieron meses de mucha ternura. Sand escribe a Charlotte Marliani: “Este Chopin es un ángel. Su bondad, sensibilidad y paciencia me preocupa a veces; parece que es demasiado delicado e inusual para una criatura así vivir tanto tiempo nuestra dura vida sobre la tierra. Estando mortalmente enfermo, creó en Mallorca música que irresistiblemente nos lleva a pensamientos de paraíso”.

Chopin vio por primera vez Nohant el 1 de junio de 1839. Aquello le recordaba su casa natal de Żelazowa-Wola. Su única obligación en Nohant era unirse a la familia y frecuentes invitados para cenar a las cinco de la tarde. Fryderyk se pasaría la mayor parte del tiempo trabajando en su habitación soleada de la segunda planta.

Allí en Nohant compuso en 1842 el famoso vals del Minuto. Otros le llaman el ‘Vals del perrito’. Dedicado a la bella Delfina Potocka, tiene su historia cuando Fryderyk y George viendo a su perrito ‘Marquis’ en la terraza del jardín dando vueltas alrededor de él mismo intentando morderse su cola, ella dijo, “si yo tuviese tu talento, compondría una pieza para piano para este perro”. Chopin fue al piano y compuso este simpático vals.

El 11 de mayo de 1844 la tragedia se cierne sobre Chopin al recibir una carta donde se le comunica la muerte de su padre Mikołaj, a los setenta y tres años. Su reacción inmediata fue de shock extremo y caída en profunda depresión. Se encerró en su habitación durante días, rehusando ver a nadie, incluyendo George.
Sand escribe al respecto: “Sufro por su pena; soy incapaz de consolarle”. “Está roto, e indirectamente yo también”.

Pero su salud mejora rápidamente cuando su hermana mayor Ludwika y su marido Kalasanty Jędrzejewicz anuncian sus planes de visitar Paris en julio. Hacía doce años y medio que no veía a su querida hermana. Sand escribe a Ludwika avisándola sobre los cambios de Chopin, y que aunque su salud no es muy mala, su apariencia parece “miserable” y que no se debían de alarmar por sus explosivos ataques de tos matutinos.

Fryderyk, Ludwika y Kalasanty pasaron juntos un tiempo maravilloso. Chopin hizo de cicerón en París, mostrándoles la ciudad y presentándoles a amigos polacos. Los tres fueron al cementerio de Père Lachaise a colocar flores sobre la tumba de Jan Matuszyński. Después, en agosto, fueron a Nohant en una visita de unas tres semanas. Sand recuerda estos momentos como uno de los más felices de su vida. Sand y Ludwika se hicieron muy amigas. Fryderyk y Ludwika tocaban el piano a cuatro manos, tal como lo hacían cuando eran niños en Varsovia.

Chopin waltz (la melodia es increíblemente triste dentro de la ritmica alegre tipica del valz, escuchenlo)



En 1845, la muerte, que le iba persiguiendo vuelve a escena, su alumno niño prodigio Carl Filtsch muere en Venecia, en una gira de conciertos a la edad de quince años. Filtsch fue su mejor y más prometedor alumno. Su interpretación arrancaba lágrimas de los ojos de Fryderyk.

En esta primavera de 1846 Chopin ya había cambiado mucho respecto a su juventud. Ahora estaba tenso, nervioso y continuamente irritable. Su mal humor, si creemos a Sand, estaba ahora afectando a aquellos que le rodeaban. Escribe a Maurice que Chopin está “más enfadado que nunca...me divierte, reduce a Mme Rozière a lágrimas...”.

La adinerada escocesa Jane Wilhelmina Stirling entra en la vida de Chopin de forma importante en 1848. Fue su alumna desde 1843, y probablemente desde esa época ya estuviese enamorada del compositor.

Una vez consumada la ruptura con Sand, Stirling asume el mismo papel que Sand siendo su protectora y niñera. Aunque esa afección nunca fue recíproca. Y nunca vivieron juntos. Cuando una vez fue preguntado por un amigo si se casaría con Jane, contestó malhumoradamente que “sería como casarse con la muerte”. En carta a Grzymała observa:

“No me casaría porque no tendría nada para comer ni dónde vivir. Aquellos que son ricos deben buscar a los ricos, y si encuentran a alguien pobre, al menos no debe ser un inválido...Moriré en un hospital pero no quiero dejar una esposa en la miseria tras mi muerte...Así que no pienso en casarme, sino en mi hogar, mi madre y mis hermanas”.


Stirling se contentaba con estar cerca de él. Fue ella quién persuadió a Chopin a viajar a Inglaterra. Llegaron la tarde del 20 de abril de 1848. Chopin no hablaba ni una palabra en inglés, pero no hacía falta porque tanto Jane Stirling como su hermana Katherine Erskine estaban pendientes de todo cuanto le hacía falta a Fryderyk. “Han pensado en todo, incluso en mi chocolate, y no sólo lo del apartamento...no puedes creer qué buenas son conmigo!”.

En Londres, aparte de los recitales, se dedicó a una intensa vida social, más que nada empujado por sus escocesas. “Mis buenas escocesas no me dejan en paz, o vienen a buscarme, o me llevan a visitar a todos sus familiares. Su cortesía me ahoga, y a causa precisamente de esta cortesía no puedo rechazarlas”.


En Inglaterra el clima hace estragos en su salud, y vemos a un Chopin completamente roto emocionalmente. En su amargura arremete contra Sand, a quien llama ahora ‘Lucrezia’:

“Tengo un resfriado muy fuerte, dolores de cabeza, me cuesta respirar...los síntomas de siempre...nada me importa...Nunca he maldecido a nadie, pero ahora estoy tan cansado de mi vida que me daría consuelo poder maldecir a Lucrezia, pero sin duda ella también sufre, sufre todavía más porque sin duda llegará a vieja llena de maldad...¿Por qué no me mata Dios ya de una vez y no lentamente?...Mis amables señoras escocesas ya vuelven a aburrirme. A Mrs. Erskine, una protestante muy religiosa, le gustaría convertirme al protestantismo; me trae la Biblia, me habla del alma, me cita los salmos; pobre mujer, está muy preocupada por mi alma. Siempre me dice que el otro mundo es mejor que éste; yo me lo sé de memoria, y le contesto con citas de las Escrituras y le explico que conozco todo esto...Si me encontrara bien, sólo con dos clases al día tendría lo bastante para vivir aquí holgadamente, pero estoy débil; dentro de tres meses, o cuatro como máximo, me quedaré sin recursos (18 noviembre)”.

El 21 de noviembre: “Tengo neuralgia y estoy hinchado...un día más aquí y no sólo moriré sino que enloqueceré”.

Nocturno op.27 nº2



El 23 de noviembre cruza el Canal. De vuelta a París, sus viejos amigos Delacroix, Franchomme, Grzymała y otros apenan le pueden reconocer. Algunos le describen como un “insecto delicado” que sólo podía ser tocado con el mayor cuidado para no romper sus alas. Otros ya le ven como moribundo.
Aún así seguiría luchando. Compuso un vals y una mazurca, la nº4 Op. 68 de la que Zieliński cree sin duda fue su última composición.

Año y medio después de la ruptura, Chopin y Sand aún pensaban el uno en el otro. Chopin se preocupaba por Sand a través de Solange, que se convirtió en una gran amiga íntima. Sand también pedía noticias sobre Chopin, a través de amigos como Pauline Viardot o Charlotte Marliani.
El 22 de abril de 1849 posiblemente fue la última vez que Chopin salió a la calle de placer, para asistir a la ópera ‘Le prophète’, de Meyerbeer. A finales de abril cayó en la fase final de la enfermedad, que le conduciría a la muerte.
En su fase final, varias veces mencionó que quemasen todos sus manuscritos sin publicar.

Nocturno op.27 nº1



Incapaz de dar conciertos ni clases y estando casi arruinado, algunos amigos pagaron en secreto sus gastos, como el apartamento de Chaillot, por la princesa Natalie Obreskow, o el de Plaza Vendôme, por Jane Stirling, y su madre Justyna también le mandó dinero. Stirling también corrió con los gastos del funeral.

En agosto de 1849 vino una larga y rocambolesca historia sobre los veinticinco mil francos (un auténtico dineral) que supuestamente fueron ‘prestados’ por Jane Stirling. El paquete que contenía este dinero se perdió extrañamente y no llegó a su destino. Se contrató incluso a un vidente (Alexis) que ‘mágicamente’ pudo encontrarlo a través de un mechón de cabello de Chopin. Todo fue tan oscuro y extraño que Chopin se indignó con el asunto, sin creer en absoluto en el vidente Alexis. Y su orgullo tampoco podía aceptar este dinero, que para él era como aceptar ‘limosnas’. No se sabe quién envió el paquete ni el dinero que Chopin llegó a aceptar de estos veinticinco mil francos. Hay diversas opiniones sobre el tema, algunos dicen que doce mil, otros mil, otros quince mil...

Ludwika llegó con su marido Kalasanty y su hija de catorce años el 9 de agosto.
Sand se mantiene al corriente de las malas noticias sobre Chopin y escribe a Ludwika, ya en París:

“Tengo noticias sobre Fryderyk, algunos me escriben que está más débil de lo normal...por favor, escríbeme alguna palabra...mis recuerdos se habrán ensuciado en tu corazón pero creo que merezco alguna palabra después de todo lo que he sufrido”.

La imagen de Sand para Ludwika con toda seguridad fue alterada a raíz de la ruptura y no respondió esa misiva.

Funeral March (una pieza bellísima que arrastra todo el pesar de la muerte).



El estar presente en la muerte de Fryderyk Chopin parecía tener un gran caché social. Después de su muerte muchos se atribuyeron ese honor. Parece que los que estuvieron presentes fueron Ludwika Chopin, Marcelina Czartoryska, Solange, Gutmann, Thomas Albrecht y el Padre Jełowicki. Delacroix tuvo compromisos profesionales durante los últimos meses de vida de Chopin y tuvo que ausentarse de París; “dejo París entristecido por la condición de mi querido Chopin”.

Grzymała escribe que la condición financiera de Chopin a su muerte fue “cero”.
Tras su muerte surgió la pregunta de a quién pertenece su herencia musical. Jane Stirling emergió como la ‘viuda oficial’, aunque no se casó con él y ni siquiera estuvo presente en el momento en que expiró, aunque sí en su funeral. Jane dedicó el resto de su vida, hasta su muerte en 1859 a los asuntos de Chopin, porque creía que estaba en su derecho y en su obligación.

Julian Fontana fue solicitado por Ludwika para ordenar y juntar las obras inéditas de Fryderyk, lo cuál hizo publicándolas desde el Op. 68 hasta el Op. 74.
Clésinger fue llamado a petición de Solange para moldear la máscara de su rostro, así como de sus manos

Para aquellos pocos que hayan llegado hasta este punto y estén leyendo estas líneas les cuento que hay una muy buena película que retrata bastante fielmente el periodo en que Chopin y George Sand se conocen llamada “Impromptu” (o traducción por estos parajes como “Nocturno de amor”), dirigida por James Lapine y protagonisada por: Judy Davis (George Sand), Hugh Grant (Chopin, y ojo que lo hace muy bien), Julian Sands (Franz Lizt), Emma Thompson, Ralph Brown, Anton Rodgers, Anna Massey.

15 comentarios:

calamardo dijo...

increible historia amigo corto. la disfrute de punta a punta. se que te encanta chopin y ahora entiendo mas porque. no escuche mucho su musica, sera hora de que me pases algo de todo eso, que parece maravilloso.
gracias.

Joker 23 dijo...

A mi no me es extraño puesto que también tomé clases de piano. El tema es que nunca me interesé en ir más allá para tocar este tipo de cosas. Es decir, algunas piezas de musica clásica no estan a mi alcance.

Muy bueno el post.

Corto Maltes dijo...

Calamardo - No tengas dudas que te paso alguito del Frederic. Me alegra que te haya gustado.

Joker - Yo estudié algo de musica clasica y te aseguro que tambien para mi, muchas piezas estan fuera de mi alcance, sobre todo de Chopin.

Tom/Shine. dijo...

Un tipo bien raro, pero asi somos todos, asi son los genios.
Se me hacian conocidas algunas de las canciones, algo de Les Luthiers o algo que escuche en algun lado, ni recuerdo, pero es buena musica, lastima que no se escuche mucho en esta epoca.
No me cae Hugh Grant, pero buscare la pelicula, a ver si comprendemos mejor a Chopin.
See ya.

Juan Manuel dijo...

Corto... Cómo me hubiese gustado tenerte a vos en "Historia de la Música" 1, 2, y 3, y no a la gorda Silvia... Impresionante... Muy bueno, me encanta Chopin... La "Polonesa fantasía en La bemol mayor, es mi favorita...

Gracias por esta clase magistral... Maestro...

saludos chopinianos...
Juan Manuel.

andal13 dijo...

Yo tengo menos oído que un mocasín y no puedo tocar bien ni el timbre, pero Chopin me encanta...
Estupendo relato (y flor de trabajo te mandaste, pero bien que se merecía un homenaje el Fede!)

Jose Ramon Santana Vazquez dijo...

...dentro de tu paz la galaxia que conlleva chopin y la melodia hecha amor es un canto al alma de la que con admiracion te doy un abrazo por tan sabia eleccion...siempre jose ramon.

Vero Lostberry dijo...

GRAN POST!! Realmente me encantó. Chopin es uno de mis compositores favoritos, creo que su música cautiva a las bestias, como lo hizo con la tremenda George Sand, gran escritora por cierto.
Vi Impromptu, de hecho busqué qué sucedió con la pareja Chopin Sand, luego que viajaron a Mallorca, por lo que agradezco de todo corazón, que detallaras magníficamente todo.
Saludos desde el otro lado de la cordillera

Corto Maltes dijo...

Tom - A mi tampoco me cae bien Hugh Grant, pero nada bien. En este caso fue la primera pelicula que vi con el y la verdad es que el papel de Chopin lo hace bastante bien.

Juan Manuel - El problema no es que me tubieras a mi de profesor sino que los profesores no estimulaba al estudiante a querer saber mas. A mi me paso con musica y con literatura.
Gracias por los elogios pero lo de maestro me queda grande jeje.

Andal - No se si solo sabes tocar el timbre pero todabia tengo ganas de escuchar alguna grabacion de "cantando bajo la ducha" ;) Lo del trabajo que me dió es relativo porque en realidad son cosas que disfruto mucho.

Jose Ramon Santana Vazquez - Gracias por tan lindas palabras y abrazos para ti tambien :)

Vero Lostberry - Compartu tu opinion sobre la musica de este gran artista y de el talento de la escritora que ademas de ser buena en su oficio, tambien tenia cojones para enfrentar una sociedad dominada por hombres.
Ten en cuenta que lo mio fue un resumen muy por arriba de lo que pasó en realidad. Hay mucho jugo que no logre transcribir por una cuestion de tamaño.

Olivia Güel dijo...

Me parece una inicativa fantástica difundir la vida y obra de estos genios que nos han dejado una música tan maravillosa. Desde luego el post de Chopin es espléndido.

¡Felicidades!

Josep Mª dijo...

Hola. enhorabuena por su escrito sobre Chopin. Mi pregunta es: ¿cuál cree usted qué fué la celda de la Cartuja donde habitaron Chopin y G.Sand? Yo estoy convencido que es la actual núm4.

Gracias

Corto Maltes dijo...

Olivia - La idea es dar una visión un poco menos académica y un poco más “chimentera” para que entendamos que estos tipos, si bien eran genios, también eran seres humanos.
Me alegro mucho que te haya gustado y a los demás también porque por un momento pensé que este post lo leerían solo un grupito de gente.

Josep Mª - No estoy seguro cual habrá sido exactamente la celda, pero todos los rumores apuntan a la celda numero 4 tal como sospechas (aclaro a los que no lo saben que se le llaman celdas a los aposentos monásticos.
Gracias por comentar.

Emmanuel dijo...

Una precisión. Dices que Chopin no hablaba una palabra de inglés. Acabo de leer la famosa biografía de Bernard Gavoty (Barcelona, Javier Vergara Editor, 2007) y, aunque no da pruebas (no digo que haya que creerle ciegamente), señala que aparte del polaco y el francés, que aprendió de sus padres, Chopin aprendió de niño griego, latín, alemán, inglés e italiano. Hay que suponer que al menos rudimentariamente sabía algo de esas lenguas. Saludos!

Lennin Alexander dijo...

me encanto el relato. llevando cada etapa de su vida musical, conjuntamente con sus alicciones, y ansiedades. soy musico y me encanta la musica de Chopin. tal vez te animes por escribir algo de Nicolo Paganini, una vida truculenta y llena de misterio; un genio sin igual en la historia de la musica.

Anónimo dijo...

Muy buen relato. Desde chiquito toqué el piano y quería ser Chopin.

Tu relato me hace sentir aquellos sentimientos por su música y su vivencia.

Dura vida la de un genio.